Cuento sobre especies desaparecidas de Puerto Rico

En lo profundo del Bosque de Maricao, donde la neblina parece flotar entre las hojas y el aire huele a café recién nacido, se contaba una historia que nadie sabía si era verdad.

La leyenda hablaba de un coquí… dorado.
Tan brillante como el sol al amanecer.
Tan pequeño como un susurro.
Y tan difícil de ver… como un milagro.

El canto perdido

Dicen que el coquí dorado no decía “co-quí”, como los demás.
Su canto era distinto.
Más largo.
Más suave.
Casi como una melodía triste.

Hace muchos años, los viejos del bosque lo oyeron cantar por última vez.
Después… silencio.

Algunos decían que se había ido.
Otros, que solo cantaría otra vez si el bosque era verdaderamente amado.

La niña del farolito

Sofía, una niña que vivía cerca del bosque, creía en la historia.
Cada noche, salía con su farolito rojo y caminaba entre los árboles.
Cantaba bajito para no asustar a los sapitos.
Y les hablaba como si fueran amigos.

Una noche de luna nueva, mientras la neblina se alzaba como un velo, Sofía se detuvo en una vereda de tierra húmeda.

Cerró los ojos.

Y lo escuchó.

Un canto, distinto.

Más suave.
Más profundo.
Más dorado.

Cuando abrió los ojos, no vio nada.
Pero en su mano había una hoja seca… con un brillito que no era de este mundo.

Epílogo

Dicen que hay cosas que solo regresan cuando alguien las espera sin miedo, sin prisa… y con amor.

¿Qué estás esperando tú, con el corazón encendido, aunque nadie más lo vea?