Relato inspirado en el yagrumo viejo
En Toro Negro, donde la neblina abraza la montaña y los ríos murmuran en secreto, vivía un árbol de dos caras:
el yagrumo hembra.
Su tronco torcido llevaba la marca de los años, sus hojas eran platos verdes por encima y espejos blancos por debajo, y su copa tocaba casi el cielo.
Lo llamaban Don Yagrumo.
El guardián de las historias del monte
Don Yagrumo no se movía, pero sabía más que nadie.
Había visto huracanes y sequías, nidos que nacían y aves que se extinguían.
Cuando el viento lo acariciaba, sus ramas se volvían voz: unas veces contaban de amor, otras de miedo, y casi siempre, de resistencia.
El niño de la mochila azul
Cada semana, un niño llamado Gabo subía con su papá hasta lo alto del monte.
Se sentaban bajo Don Yagrumo a comer pan sobao con queso de papa, mientras la neblina les hacía compañía.
Un día, Gabo preguntó:
—¿Por qué sus hojas tienen dos colores?
Y su papá le respondió:
—Porque este árbol sabe ver lo que está… y lo que viene.
Entonces sopló un viento fuerte.
Y Don Yagrumo dejó caer una hoja justo sobre las piernas de Gabo.
En su superficie había una manchita que parecía una isla.
Ese mismo día, el niño sacó un cuaderno de su mochila y escribió su primer cuento, inspirado en la montaña.
Desde entonces, cada historia que inventaba la firmaba con una hoja seca al final.
Susurro del monte
Dicen que, si escuchas con calma cuando el yagrumo tiembla, no oyes hojas moviéndose… sino páginas de un libro invisible.
¿Qué historias están esperando dentro de ti, listas para despertar con la primera brisa?
