Historia mágica en Piñones
En la costa de Piñones, donde el sol se pone con sabor a sal y coco, vivía un mangle rojo con raíces fuertes y corazón viejo.
Lo llamaban Don Raíz.
Y aunque parecía un árbol más, era el que escuchaba todo lo que el mar tenía que decir.
El protector de la orilla
Don Raíz no se movía, pero su sombra cobijaba cangrejos violinistas, peces pequeños, y hasta algún manatí curioso que se perdía entre las ramas.
Él conocía las mareas.
Sabía cuándo el agua llegaba en calma y cuándo rugía con rabia.
Y cada vez que venía una tormenta, estiraba sus raíces para abrazar la tierra, para que no se la llevara el mar.
El niño curioso
Un día, un niño llamado Leo se metió entre el mangle mientras buscaba cangrejos.
Se sentó junto a Don Raíz y escuchó un sonido raro.
Como un susurro.
Como si el árbol hablara.
—¿Dijiste algo? —preguntó Leo.
Pero no hubo respuesta.
Esa noche, soñó que estaba bajo el agua.
Y el mangle le decía:
“Nosotros sostenemos la orilla… pero ustedes deben cuidarla.”
El cambio
Desde entonces, Leo volvió todos los días.
Llevaba una bolsa y recogía la basura que flotaba.
Le hablaba al mangle.
Le agradecía.
Y cada vez que lo hacía, el agua sonaba distinta.
Como si aplaudiera en secreto.
Susurro final
Dicen que los mangles susurran cuando sienten que alguien por fin los está escuchando.
¿Qué cosas llevan años hablándote bajito… y tú todavía no las has escuchado?
