Cuento corto puertorriqueño
La maga que desafió las estaciones
En un rincón soleado del Jardín Botánico de Caguas, nació una flor maga con pétalos tan rojos como el corazón de su tierra.
A diferencia de sus hermanas, que aceptaban el paso del tiempo con gracia, ella no.
No quería marchitarse.
Se llamaba Aurora.
La lucha contra el tiempo
Aurora floreció en pleno verano, saludando a las abejas, conversando con los colibríes y riéndose con el viento.
Pero cuando sintió la primera brisa del otoño, algo dentro de ella se resistió.
“No estoy lista”, pensó.
Y decidió quedarse.
Estiró su tallo.
Endureció sus raíces.
Cerró sus pétalos por las noches para no gastar energía.
Y cada amanecer, se abría de nuevo con fuerza.
Una flor que inspiró al jardín
Las otras flores la miraban con asombro.
—“¿Por qué no aceptas tu ciclo?”, le preguntaban.
—“Porque aún tengo luz que dar”, respondía ella.
Un día, un grupo de niños llegó al jardín.
Uno de ellos, en silla de ruedas, alzó la mirada y sonrió al ver a Aurora aún en pie.
—“Mira, mami… ¡una flor que no se rinde!”
Ese día, el jardinero decidió no cortar las flores viejas.
Y por primera vez, el jardín mostró sus colores marchitos junto a los nuevos.
Porque la belleza también habita en lo que resiste.
Mientras Alguien Mire
En Borikén, hay flores que no miden su vida en estaciones, sino en miradas que necesitan su luz.
Aurora no se aferró por miedo, sino por amor: por los ojos que la buscaban cada mañana, por las sonrisas que despertaba sin decir palabra.
Algunas raíces no crecen en la tierra, sino en los corazones que tocan.
Y mientras haya un alma que necesite verla, seguirá abierta al sol.
¿Qué parte de ti se rehúsa a rendirse, incluso cuando todo a tu alrededor te dice que ya es hora?

